El presidente de la República, Abelardo De la Espriella, encendió una fuerte polémica política al denunciar públicamente a la reconocida dirigente cordobesa Margarita Andrade. El mandatario la acusó directamente de estar llamando y contactando a varias dependencias del Estado y a altos funcionarios en el departamento de Córdoba con el único fin de pedir puestos públicos y gestionar cargos, utilizando como palanca su íntima cercanía personal y familiar con la Casa de Nariño.
De la Espriella no se guardó nada y confirmó que, si bien conoce a Andrade desde que eran niños y que ella ha sido una amiga entrañable de su familia por muchísimos años, esa confianza no la faculta para hacer negocios políticos. “No está autorizada para hablar en mi nombre ni en el del Gobierno”, sentenció de forma tajante el jefe de Estado, desautorizando por completo cualquier movimiento o pacto que la mujer haya intentado realizar a nivel local o nacional.
El mandatario aprovechó el escándalo para enviar un mensaje contundente de transparencia y advertir que en su administración no se tolerará el tráfico de influencias ni el nepotismo. “La amistad y el parentesco no otorgan representación ni privilegios en el Gobierno del Tigre”, enfatizó con vehemencia, asegurando que las prácticas atribuidas a Andrade van en contravía de sus promesas políticas, por lo que ordenó cerrarles la puerta a los amigos que busquen beneficios personales en el Estado.




















































