Por Alberto Bello.

Los activistas políticos de redes sociales todo el tiempo desvirtúan y atacan al que argumenta, se informa, investiga y controvierte, porque no piensa igual que ellos, sólo por defender su postura ideológica.

En Montería, el activismo político en época electoral desaparece, independientemente a su ideología porque no importa el “ahora” de los monterianos, ni la “lealtad” con la ciudad, ni mucho menos que esta vez “le va a tocar al pueblo” o que el departamento “tendrá futuro”, porque realmente solo importa y prevalece la plata y el puesto. “Eso hay que asegurarlo como sea” es la expresión sutil y explotada por los centenares de activistas de vertientes políticas adversas que se unen a favor de un billete o de un puesto de “trabajo”; pagando favores anteriores y tratando de colmar sus nauseabundas formas de hacer proselitismo rastrero y su demencia senil de sus convicciones.

La demencia ideológica los lleva a apoyar a su contradictor porque les promete el cielo (sí, aquel que sólo pueden ir los seguidores del mesías), la tierra (…y no precisamente las de las restituciones y las de AIS), y su forma tipificada de inculcar como dé lugar su ideología a su contraparte y engañarse así mismo, creyendo que posee la verdad absoluta. El odio acérrimo los lleva a disentir del otro, pero en época electoral es curioso, porque esto no se ve, no se siente, no se percibe ese tono radical y agresivo en contra de su contradictor de siempre.

Esa burbuja intrínseca en la que nos han hecho entrar los apasionados actores políticos de la actualidad; sí, el periodismo que hoy hace más activismo que los mismos activistas de teclado, quienes en la mayoría de los casos han perdido su razón social como comunicadores, mientras se dedican a promover su político de turno y emitir el sesgo ideológico bajo su rol como periodista carente de parcialidad y objetividad profesional. También es curioso, porque por estos días tampoco se evidencia en gran medida.

Y sin opciones, los alternativos terminan uniéndose con los mismos de siempre. ¿Cuál es la razón?… la misma de todos los años electorales. Solo son la alternativa de segunda mano de los que desbancan a la ciudad, al departamento, al país. Ellos no funcionan, porque son cooptados por las bandas corruptelas que hoy nos gobiernan y que los activistas esta vez “unidos” nos hacen ver a ese acuerdo “programático” como una opción de cambio.

Esos “Acuerdos por plata-puesto” acaban con todas las formas de lucha por ideas que benefician a un pueblo, por pertenecer a colectividades con tintes políticos distintos que en esta ocasión luchan “juntos” por nuevas iniciativas con copartidarios pasajeros.

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